Las naves quemadas

El descubrimiento de la Isla Salbago, un territorio mágico anclado en el horizonte oceánico, abre la peculiar epopeya de los Rejón. Arquetipos de conquistadores y vagabundos, que sueñan con un universo inencontrable, arrastran su espejismo por islas y continentes rebuscando el fondo mítico que mueve sus ambiciones.

Juan Rejón, fundador de la estirpe, es modelo de los soñadores inmortales. Un monarca sin tiempo que deambula espectralmente por las páginas de la historia, despreciando ciclos naturales, geografías, años y siglos. Intriga, sublevaciones y aventuras amorosas que, finalmente, describen la transformación de los conquistadores en fantasmales sombras soberanas, restos de una época que se esconde en el interior invisible de una catedral maldita, jamás terminada. El viaje de ida y vuelta al Nuevo Continente, la fundación de las ciudades coloniales, el burdel de Mademoiselle Pernod, la inaudita búsqueda del tiempo perdido de El Dorado, conforman la segunda parte del relato, Los reinos prometidos, que sucede en la imagen literaria a Ab urbe condita, primitiva crónica de la fundación de Salbago, mundo alucinante en el que se mueven los nombres míticos del Duque Negro, la mora Zulima , el guitarrista Otelo de Carvalho, el asmático y mesiánico Camilo Cienfuegos, elevados todos a una categoría novelística.

En Las naves quemadas , el tiempo histórico es mera recurrencia literaria, la excusa que el narrador utiliza para reclamar del lector la visión de contemporaneidad de los personajes y sus claves. Sinfonía épica e irónica, lúdico esperpento de variaciones y diferencias, Las naves quemadas es también el compromiso con un territorio literario que trasciende a la común tradición de la novela española y que, a través del barroquismo lingüístico e imaginativo, emparenta con los rumbos recientes de la prosa castellana de América.